Salmo 84

Esta semana quiero compartir con ustedes un salmo que me encanta y que como cristian@s muchas veces se nos olvida. Y me gustaría que juntos, donde quiera que nos encontremos podamos adorar a nuestro Dios desde el fondo de nuestro corazón.

Comenzaré diciendo que a lo largo de nuestra vida han pasado y van a pasar experiencias buenas y malas. Lastimosamente nosotros nos acercamos más a nuestro Dios en tiempos difíciles. Y el hecho de que ahora tu seas ahora cristian@ no quiere decir que no vas a pasar por momentos tristes o dolorosos. La diferencia está en que nosotros fijamos la mirada en lo eterno, en Dios, en lo único que nos puede ayudar.

Cuando Dios toca tu corazón dejas de ser la misma persona que eras, para volverte la persona que Dios quiere que seas. Cuando buscas una relación cercana con tu Dios, es cuando te enamoras más y más de Él. Por eso es que en esta ocasión quiero que juntos como su creación podamos alzar una alabanza desde el fondo de nuestros corazones, con el Salmo 84.

“¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso! Anhelo con el alma los atrios del Señor; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida.

Señor Todopoderoso, rey mío y Dios mío, aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos.

Dichoso el que habita en tu templo, pues siempre te está alabando.

Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que sólo piensa en recorrer tus sendas. Cuando pasa por el valle de las lágrimas lo convierte en región de manantiales; también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle.

Según avanzan los peregrinos cobran fuerzas, y en Sión se presentan ante el Dios de dioses.

Oye mi oración, Señor, Dios Todopoderoso; escúchame, Dios de Jacob. Oh Dios, escudo nuestro, pon sobre tu ungido tus ojos bondadosos.

Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos.

El Señor es sol y escudo; Dios nos concede honor y gloría. El Señor brinda generosamente su bondad a los que se conducen sin tacha.

Señor Todopoderoso, ¡dichosos los que en ti confían!”

Salmo 84

Mi Señor te amo, te necesito cada día de mi vida más y más. Sin tus fuerzas, sin tu amor no soy nada. Gracias por ser mi Dios, por haberme rescatado de todo el pecado que cubría mi vida.

Amén.

“Anhelo, deseo, me muero por estar contigo.

Te busco, hoy ruego, permanecer toda mi vida aquí…”

Dios te bendiga

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