Carta a un adolescente indeciso

Aunque ya no soy un adolescente; en esta ocasión quiero hablarles a los que si lo son o los que talvez se sienten identificados con esta etapa de la vida. Y en mi caso atravesé por momentos de no sentirme parte de un grupo social. Y esto pienso que es algo importante para la vida de un chic@ de esta etapa o edad.

Es común que en esta etapa de nuestras vidas queramos imitar muchas de las actitudes que vemos en las personas populares, como gestos al hablar, palabras, forma de caminar, etc. Pero es necesario que te pongas a analizar antes de aplicarlos en tu vida. Nacer en una familia cristiana no es un requisito para comportarte como tal. Si Dios a puesto en tu corazón el ser diferente, el alejarte de esas personas o circunstancias que sabes que no son lo correcto, pués es Dios quien te ha escogido para que seas portador de su voz a través de tu vida.

Analiza, piensa y ora si las cosas que vas a hacer glorifican el nombre de tu Dios. Puede ser que en la fiesta a la que te invitaron el fin de semana ya sepas de antemano que va a haber licor, tabaco, drogas o sexo. ¿Piensas que deberías ir? Va a la ser la fiesta de la que se va a hablar en todo el año escolar. ¿Deberías perdertela?

Analicemos un poco la situación. Por un lado si decides ir, serás uno más de los que asistieron a la gran fiesta, probablemente podrás ver al chic@ que te gusta e incluso puede que pase algo más, si quisieras pudieras tomar, fumar, drogarte y lo que quieras. En fín, mucha diversión, de la que el mundo llama “la buena, simplemente vivir la vida”.

Por otro lado, si decides no ir a la fiesta no vas a tener de que conversar. Probablemente te hagan a un lado tus amigos por no haber ido y no entiendas nada de lo que están hablando. Pasarás en tu casa, talvez viendo una peli, jugando en tu consola, leyendo o lo que sea para pasar el rato antes de dormir.

¿Cuál de las dos opciones es la que más te agrada? La verdad solo lo puedes saber tú y Dios. Y yo no te voy a juzgar si te decides por la primera opción. Los dos tenemos libertad para escoger y por lo tanto decidir lo que queremos hacer en cada día de nuestra vida. Pero si quiero contarte mi experiencia y obviamente recurrir a la palabra de Dios para ayudarte a decidir si es que todavía no lo puedes hacer.

Todas las veces que he hecho algo que no se supone que debía hacer me he arrepentido. En varias ocasiones no al instante, ni al siguiente día o al mes. Sino mucho tiempo después e incluso años. Cuando lo hice no me parecía la gran cosa, ni que hubiera asesinado o algo como para que fuera el gran pecado. Pero no fue sino hasta después de un tiempo en que me di cuenta que lo que hice estuvo mal y ahora muchas de esas cosas me hacen sentir verguenza y muy malo delante de los ojos de mi Dios.

Algo que no puedo cambiar ahora es el pasado. Pues lo que hice ya lo hice. No puedo regresar mis pasos y no haberlo hecho. Ya lo hice. Ya las cosas no pueden cambiar. Me siento mal porque no cumpli una promesa, porque muchas de esas cosas me hicieron de un hombre infeliz porque llevo una mancha en mi vida.

“Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad.

Evita las palabrerías profanas, porque los que se dan a ellas se alejan cada vez más de la vida piadosa.” 

2 Timoteo 2:15-16

Recuerda amig@ que los grandes vicios, esos que ves en las series o documentales de gente en drogas, inmoralidad sexual o alcohol empezaron con una probadita. Muchos podrán salir si lo llegan a probar pero otros no lo podrán hacer y esa primera vez los convertirá en adictos.

Lo que te quiero decir es que hay muchas cosas en las que pensar antes de decidirte a hacer algo, muchas personas en las que pensar, muchas cosas en juego. Lastimosamente no es algo que pensamos, pues es más grande nuestro deseo de pecar que todas esas cosas que hemos aprendido o nos han enseñado.

Sin embargo, el pecado que cometamos va a estar ahi. Muchas veces por mucho tiempo. Es verdad que Dios nos limpió de todo pecado en la cruz, pero eso no significa que cada día podemos seguir viviendo la misma vida de la que antes de nuestra confesión de que Jesús sea nuestro salvador era.

Pero al final, el que decides eres tú mi querido amig@. ¿Vas a ir?

Dios te bendiga

DC

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