Cuando no tengo ganas de orar

Hoy es uno de esos días que no tengo ganas de orar. Hoy no tengo ánimo de nada, porque hoy… hoy le ofendí a Dios.

Rondan por mi cabeza todos esos “te lo dije”, todos esos versículos que hablan del pecado. Pero no quiero confundir esta ocasión con un simple remordimiento, pues quiero un arrepentimiento. Tengo claro que el primero se basa en un sentimiento de culpa, mientras que el segundo es una demostración de que esa culpabilidad es real haciendo cosas que me alejen de ese pecado.

Esta entrada se convierte así, en uno de mis actos de arrepentimiento. Pues hace tiempo deje de escribir para priorizar otras cosas que me parecían importantes, pero que nada me hizo olvidar de los días en los que solía escribir esperando que Dios pueda ayudar a alguien.

Cuando peco, no solo me siento inmerecedor del amor de Dios, sino que también pienso en todas esas personas que en mi confiaban. Pues tengo presente que cuando peco no solo soy yo quien sufre las consecuencias, sino las personas a las que más digo amar.

Tal vez tú que estas leyendo puedas entenderme o incluso sentirte identificado. Pues es Dios que está usando estas palabras para tratar de hablar contigo también.

Cada un o lucha con sus pecados, y aunque pienses que nadie lo sabe; quiero dejar en claro que jamás podrás engañar a Dios. Desde el momento en que aceptaste a Jesús como tu Señor o el dueño de tu vida, el está contigo en todo tiempo, y El sabe cuando le hemos fallado, pero está esperando que nosotros tomemos la iniciativa, porque es necesario hacer ciertas cosas para demostrar nuestro arrepentimiento, ya que no basta con sólo sentirse mal.

Ora pidiendo perdón por haber ofendido a Dios, confesando el pecado (aunque Dios ya lo sepa – es duro decir en voz alta cuando uno se equivocó), y pide misericordia para las consecuencias.

Luego de haber orado, es necesario confesar nuestro pecado a otra persona. Si estás casado, puedes hablar con tu espos@, pues es tu mejor amig@. Sino lo eres, puedes hablar con tus padres o herman@s.

Hay mucho por hacer, tú sabes mas que nadie las cosas que te hacen caer, ¿por que no dejas esas cosas o te alejas de esas personas que te hacen pecar? Es momento de que comencemos a trabajar, Dios es misericordioso, nos ama tanto que nos da una nueva oportunidad cuando nos arrepentimos. Es momento de aprender de los errores, y aunque haya mucha gente que nos culpe o señale con el dedo, es momento de orar diciéndole a Dios que lo necesitamos y que sin Él no podremos salir del pecado.

“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.”

1 Juan 1:9

¿Has visto cuando un niño quiere protegerse de algo que le da miedo? El niño se pone detrás de las piernas de su padre. Y eso es lo que debemos hacer nosotros. A satanás le encanta acusarnos cuando caemos. Le encanta recordarnos lo malos que somos y que no merecemos ser llamado hij @s de Dios. Pero es ahora cuando debemos ponernos detrás de las piernas de Papá.

“Bendeciré al Señor en todo tiempo, mis labios siempre lo alabarán.”

Salmos 34:1

Hoy es un dia en el que no tengo ganas de orar, pero es cuando mi alma mas lo necesita.

 

DTB, David

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